-Vamos arriba-susurraba Jake cerca de su oído. Gruño en voz baja mientras se arrebujaba un poco mas en la cama.-no me obligues a despertarte-depositó un beso en su frente mientras se deslizaba fuera de la cama.
Remoloneó un poco más hasta que no la quedó mas remedio que levantarse. No tenían que trabajar ese día, pero él había insistido en que tenían que levantarse pronto. Se vistió y bajó las escaleras hasta la cocina, siguiendo un rico olor. Nada mas llegar se encontró con sus ojos verdes observandola. Una calidez inexplicable recorrió su cuerpo. Sonrió sin poder evitarlo.
-¿A que viene tanto secretismo?-preguntó mientras se preparaba una taza de café.
-Ya lo verás,-sintió unas palmadas en la cabeza- no hagas tantas preguntas.
-Sabes que no me gustan las sorpresas-tomó un trago del café sentándose a su lado y apoyando la cabeza en su hombro.
-¿A que al final te quedas sin saberlo?-alzó una ceja mirándola burlonamente.
-No amenaces, que sabes que acabarás....
El ruido de la puerta de su habitación al abrirse la sobresaltó haciendo que saltara practicamente hasta sentarse.
-Day-susurró una voz conocida-Hunter me dijo que habías venido ayer, ¿Que a pasado esta vez?-tardó un poco de tiempo en reconocer la voz de su hermana. Llevaba el pelo rubio recogido en una cola de caballo.Con la luz que entraba por la puerta pudo ver sus ojos marrones clavados en ella. Se arrastró por al cama y la abrazó con fuerza, dejandose llevar por la tristeza. Risa se quedó callada abrazándola, sin decir nada. Conocía bien a su hermana, tenía que haber ocurrido algo malo para que estuviera así.
No supo cuanto tiempo estuvo llorando. Intentando limpiar a través de las lágrimas todas las emociones que Jake la había echo sentir. Alegría,calidez, felicidad, el sentirse querida.
Cuando se calmó, salieron a la cocina y se sentaron. Hunter estaba sentado con los cascos puestos en una de las sillas de la barra y junto a él había otro hombre, alto de pelo negro y ojos verdes. Sonrió amablemente a Day y les dio una taza caliente de café a cada una antes de sentarse y escuchar.
-Gracias Eddie-dijeron casi a la vez las hermanas. Risa cogió la taza y le dio varios sorbos cortos, en cambio Day puso las manos a su alrededor y lo olió. El aroma del café recién hecho la relajaba.
Cuando terminó de contarle la historia a su hermana, la paciencia de Risa hacía tiempo que había desaparecido. Estaba dando vueltas de un lado a otro, sacando a relucir el mayor repertorio de insultos que la había escuchado en toda su vida. Day no dijo nada. Se mordió el carrillo para evitar llorar de nuevo.
-Lo voy a matar-gruñía Risa.
-Venga cariño, intenta relajarte.-Eddie intentaba hacer que se calmara.
-¿!Que me relaje!?-gritó-¿Cómo voy a relajarme sabiendo lo que ese capullo le a hecho a mi hermana?
-¿Que conseguirías matándolo?-saltó Hunter. Sorprendiendo a todos.
-¿Has escuchado la conversación?-interrogó Day poniendo una mueca. Se lo había contado por que él tenía los cascos y no podría enterarse.
-No, pero con sus gritos ni poniendo la música a todo volumen sería capaz de no escucharla-respondió apagando el aparato-¿Y bien? ¿Qué consigues matándolo?-clavó sus oscuros ojos sobre Risa.
-Quedarme mas a gusto-le gruño.
-Vale, a parte de ir a la cárcel y arruinar tu boda ¿Crées que ella olvidará aquello que él le haya echo?-Risa le fulminó con la mirada y le ignoró, dirigiendo su atención a su hermana.
-Te vienes con Eddie y conmigo...
-Me niego-la interrumpió.
-Pero si no sabes que voy a decir-refunfuñó arrugando el ceño.
-Claro que lo se. No voy ha ayudaros con los preparativos, bastante tengo con ponerme uno de esos vestidos de dama de honor. Te quiero mucho y aprecio tu gesto, pero os las arregláis sólos-comentó.-yo me quedo aquí.
-No voy a dejarte sola.
Hunter la miró incrédulo.
-Vaya, no sabía que acabara de dejar de existir.-
-No me refiero a eso, pero no eres el mejor compañero-argumentó Risa-
-Lo estas arreglando bonita-
-Hunter-apaciguó Eddie-no sueles tener mucha paciencia, no lo dice por que seas una mala compañía.
-¿Hola? Sigo aquí y puedo oíros. no necesito niñera.-tres pares de ojos se posaron en ella. Unos preocupados por su estado de ánimo, otros preguntándose si realmente se sentía tan bien como aparentaba y otros directamente escépticos, sin creerse una sola palabra de lo que estaba diciendo.
Terminó el café de una sola vez, dejándolo en el fregadero sin mirarlos. Odiaba ese escrutinio.
-Te cojo las llaves hermanita, luego nos vemos-cogió la ropa seca del tendedero-aunque no recordaba haberlo dejado allí en ningún momento-y se metió en la habitación para cambiarse. Recogió el bolso y la chaqueta.
-Hasta luego-le dio un beso en la mejilla a Risa y a Eddie. Hunter había desaparecido en el interior de su habitación. Bajó las escaleras de dos en dos con una idea fija. Ir de compras, no podía llevar la misma ropa todos los días y la de su hermana le quedaba pequeña. Tampoco pensaba utilizar la ropa de él para dormir. Agradecía su amabilidad, pero pasaba.
Sacó el mp3 del bolso y se lo colocó mientras echaba a andar por la calle. Se giró por reflejo al escuchar el claxon de un coche.
-¿Te llevo a alguna parte?- dijo una voz conocida desde un Suzuki negro aparcado al otro lado de la acera.
-¿Que haces aquí fuera?-interrogó Day.Tenía el pelo negro revuelvo. Sus ojos estaban cubiertos por unas gafas de sol. Pero no necesitaba verlos para saber su color. Oscuros.
-Yo tampoco aguanto a esos dos, así que sube. Te llevaré a donde quieras ir-quitó el seguro del coche mientras subía la ventanilla y esperó. Hunter no la dejaría irse sola a ninguna parte en esas condiciones. Era cierto que no era el mejor compañero para ir de compras. Pero creía que era mejor su compañía que la soledad.
En cuanto se puso el cinturón se incorporó a la carretera.
-¿Y bien? ¿a donde la llevo señorita?-
-Hay una tienda de deporte a tres manzanas de aquí. Tengo que comprar algo de ropa.
-Puedes ponerte la mía por un tiempo-contestó sin apartar la vista de la carretera.
-Gracias pero... no. No voy a usar la ropa de nadie-apoyó la cabeza contra el cristal. Observando a las personas, los animales, los pequeños detalles. Queriendo verlo todo. Sin que el mundo la engañara. Sin que nadie mas volviera ha hacerla daño.
Su mente se hundió en la marea de recuerdos que tenía de Jake. Fue arrastrada a ese pequeño rincón de su mente que aún le pertenecía. Llevaba años con él. La universidad había sido el lugar donde se conocieron. Esa sonrisa, su voz, esos ojos verdes en los que podías leer todas y cada una de sus emociones como en un libro. Era triste ver que en un instante, todo aquello en lo que habías creído. Aquello que das por echo. Se rompe en unos segundos. Como el papel.
Estuvieron bastante tiempo en la tienda. Ella mirando cosas y él arrugando el ceño cada vez que la veía coger una prenda demasiado holgada. Su ceño se convirtió en algo permanente. Él no entendía por que quería esconderse debajo de la ropa. Tenía buen cuerpo. Con curvas definidas, nada exageradas. El contraste de su pelo negro con sus ojos verdes era impresionante. A mas de uno se le caería la baba si les miraba con una sonrisa. ¿Por qué se tapaba tanto? ¿Tenía cicatrices? ¿quemaduras? No lo sabía. Por su mente pasó otra idea que le hirvio la sangre. Se acercó a ella y le arrebató una camiseta de las manos con brusquedad. Se miraron durante un rato. Él intentando entenderla, buscando en sus ojos la respuesta a su pregunta. Queriendo saber. Ella confusa.
-¿Por que te compras ropas cuatro veces mas grande que tu?-
-Pues, por que es cómoda-alejó la prenda de sus manos al ver que intentaba alcanzarla de nuevo.
-La ropa es cómoda si es una talla grande. No cuatro. Esto-levantó la prenda y se la colocó por encima.-incluso a mi me queda grande. No pareces consciente de ello.
-Es cómoda la ropa holgada, aunque sea muy holgada-añadió al ver su rostro.-además a ti que mas te da. Es un hábito mío.
-¿Hábito?-
-Si-cogió otra camiseta de otro montón ya que no podía arrebatarle la que había visto y se puso a buscar una talla grande-lo hago con toda la ropa. -levantó la vista para pedirle la camiseta pero se quedó callada al ver su expresión. La miró de arriba a abajo. Como un radar. El abrigo desabrochado estaba sobre sus hombros dejando ver debajo una camisa azul y un pantalón vaquero. Como ella misma había dicho. No era su talla. Era menos exagerado que con la ropa de deporte. Sin llegar a quedarle mal, pero tampoco todo lo bien que podría llegar a estar. No se había dado cuenta cuando la vio por primera vez. El agua le había pegado la ropa al cuerpo. Por eso sabía como era.
-¿Desde hace cuanto haces esto?-preguntó.
-Desde......-no sabía exactamente desde hacía cuando. Quizás...¿tres años? ¿dos? No estaba segura.-pues un tiempo. No te se decir con exactitud.
-¿Jake no te decía nada?-se dio cuenta demasiado tarde de que acababa de meter la pata. Pero no pudo morderse la lengua.
Se lo quedó mirando. Observando escrutadoramente con sus ojos verdes. Supo el momento exacto en el que relacionó las cosas. Sus manos se cerraron en puños. Su lenguaje corporal cambió del inmediato. Estaba totalmente tensa.
-Estuviste escuchando-gruño intentando no levantar la voz.
-Técnicamente no escuché. Solamente leí vuestros labios-se explicó.
-Aún así. No estabas invitado a la conversación- todas las personas del local se giraron en su dirección. Sobresaltados por el arrebato. Se acercó a ella despacio inclinándose para estar a la altura de su oído.
-Mira, no me grites. Si no querías que me enterara, entonces no haberte puesto ha hablar delante de mi. De todas formas-se adelantó antes de que pudiera decir nada-compra la ropa y salgamos de la tienda. Te dejaré gritarme después.
Se quedó apoyado contra el coche mientras esperaba. No conocía mucho a esa chica, pero si conocía a su hermana. Se cabreaba con mucha facilidad, pero se le pasaba pronto. Esperaba que a ella le pasara lo mismo. Si no tendría un problema para conseguir lo que quería.
Ambos subieron al coche sin decir una sola palabra. Cada uno sumido en sus propios pensamientos. Prefería no molestarla. No le importaba el silencio. Es mas. Le gustaba. No necesitaba rellenar con conversaciones absurdas los momentos de silencio. Para él eran de los mas preciados. Aparcó el coche en uno de los parques al aire libre. Fue en ese momento que registró el camino y se dio cuanta de que estaban en uno de los centros comerciales.
-¿Que hacemos aquí?-
-Vamos a comprarte ropa de tu talla. Pienso quemar esa en cuanto te la quites-salieron del coche y entraron en la primera tienda. Se desplazó por cada uno de los stans y los percheros. Buscando ropa y preguntándola si le gustaba o no. Cuando la arrastró hasta el probador haciendo caso omiso de todas sus quejas, llevaba al menos siete prendas.
-Te e dicho que no me lo voy a comprar. Es demasiado justo.
-Mira, e visto tus fotos de la universidad. Tu hermana es muy parlanchina. Y la chica que vi en esas fotos llevaba ropa casi mas ajustada que todo esto-contestó sin inmutarse.
-Eso es diferente, la gente cambia-le gruño. Estaba empezando a odiar a su hermana.
-Cambiar, la gente cambia de aspecto, de forma de pensar. Pero no cambia a ponerse tres tallas mas de ropa de la noche a la mañana.-movió sus manos hasta su cuerpo colocándolas en sus caderas. Los pulgares estaban sobre su vientre, mientras los demás dedos descansaban en su espalda.-creo que ambos acabamos de comprobar que no estas gorda. Me juego el cuello a que ese pedazo de cerdo fue el primero que te compró algo que te quedaba grande ¿me equivoco?-la dejó tiempo para responder. Sólo se escuchó el silencio-genial. Me lo tomo como un si ¿sabes porque te regaló algo que te quedaba grande?
Casi no escuchó su pregunta. El recuerdo de su segundo cumpleaños juntos la asaltó. Había reservado en un restaurante en el centro. Muy bonito. La había ido a buscar al salir del trabajo para llevarla allí en plan sorpresa y cenar juntos por su cumpleaños. Su regalo fue una camiseta de la talla XL. Le preguntó por el tique para poder descambiarlo por algo mas pequeño. Jake simplemente se rió y le dijo que no era necesario, que estaría muy guapa con el. Aun que le quedara grande. Desde entonces, siempre que al veía con algo ajustado arrugaba un poco el ceño. Hasta que cambió su estilo.
-¿Por que?
-Para mantenerte oculta a los ojos de cualquier otro hombre. Piensalo. No tendría que preocuparse por que te tiraran los tejos, ni que llegaras tarde a casa por que te invitaran a tomar algo al salir del trabajo, ni en los viajes de negocios, en los que estarías rodeada de otros hombres. Si te vestías con ropa holgada, nadie se fijaría en ti. Los que te conocían pensarían que al asentarte habrías engordado y que lo intentarías ocultar. Los que no te conocieran-se encogió de hombros- no te mirarían mas de una vez.-apretó con fuerza su cuerpo, intentando relajarla. Podía ver el efecto que estaba causando. pero era demasiado tarde, tenía que decirlo-si nadie te tentaba no te irías de su lado. Ese era su objetivo.
I'm not a toy
jueves, 21 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
El ronroneo de motor al arrancar la alegró sobremanera.-Calefacción~-canturreó dándole a los botones. El reloj del salpicadero marcaba las 10 de la noche, casi casi la misma temperatura, pero quitándole el cero y poniendo un menos delante. La nieve había cuajado a lo largo del día en las aceras y carreteras. Casi se cae dos veces al ir del trabajo a almorzar y al volver. Suspiró mientras colocaba las manos en los calefactores, esperando que el hielo del parabrisas desapareciera con el calor y poder marcharse a casa al fin. Podía ver la nieve caer a través de las ventanas.
A ella siempre le había gustado, disfrutaba jugando con ella entre los dedos. Su novio era otro cantar. tenía que convencerle para salir a hacer muñecos de nieve o para jugar a guerras de bolas de nieve, aunque siempre perdía ella. Sus tripas rugieron ruidosamente recordándola que no había cenado todavía. Se preguntaba que la habría dejado preparado para cenar, o si la estaría esperando. Sonrió ante la perspectiva de verlo. Por suerte comenzaba el finde semana y ninguno de los dos trabajaba en esas fechas. Se acercaba la Navidad y las compras, e iban algo retrasados. Todavía no le había comprado nada a nadie, y eso era muy malo.
Se concentró en el camino helado que tenía por delante en cuanto salió del aparcamiento con el parabrisas totalmente seco. Le tenía respeto a los coches, sobre todo con las inclemencias del tiempo. No sabía a que temía más. Por suerte, había colocado las cadenas por si las moscas. Giró a la derecha en la primera rotonda, acercándose al centro de la cuidad. Era pequeñita pero acogedora. Además la nieve le daba un aire navideño a la ciudad. Esperó pacientemente en la cola que se había formado por un coche en medio de la calzada con dificultades para avanzar. No entendía por que la gente se exasperaba tanto al tener que esperar, después de todo era mejor llegar tarde que no llegar. Pasó al lado del coche averiado mirando de reojo con curiosidad para ver el problema. Las ruedas, estaban mojadas y patinaban totalmente sobre el hielo. Era una lástima, alguien que tendrá que ir andando pensó mientras giraba a la izquierda para poder meterse en el aparcamiento y resguardarse del frío por fin. Aparcó en la plaza con cuidado, puso el freno de mano y sacó las llaves del contacto. Desabrochó su cinturón mientras se giraba para coger el bolso y el portátil. Cerró el coche nada mas salir mientras se dirigía al ascensor rebuscando en el bolso las llaves de casa. Siempre olvidaba en que ranura las había colocado. Entró en el ascensor sin mirar y pulsó el botón del cuarto piso. Sonrió al ver su reflejo en el espejo. Tenía el cabello ligeramente mojado por la nieve que tenía sobre la cabeza, se entretuvo quitándola de encima y colocándose un poco en pelo hasta escuchar el característico sonido del ascensor haciendo su parada en el piso correcto. Recorrió el pasillo sin molestarse en colgárselas los bártulos al hombro ni de encender la luz. Metió la llave en la cerradura dándole una vuelta y empujó para que se abriera. Se dio prácticamente de bruces contra ella. Le resultaba extraño, normalmente siempre que uno de los dos no hubiese llegado a casa la dejaban a medio trancar, sólo con una vuelta en vez de dos. Era más cómodo. Lo dejó correr mientras entraba y encendía la luz.
-Ya estoy en casa ¿Qe hay para cenar?-preguntó dejando las llaves en el mueble de la entrada. Era una casa espaciosa. Con un pasillo nada mas entrar, y otro hacia al derecha en forma de "L". Al terminar el pasillo a al derecha estaba el salón y a la izquierda la cocina. Tapada por las escaleras hacia el piso superior desde donde se escuchaba ruido.
-Jake-llamó mientras se acercaba para subir las escaleras-¿Estas dormido?-se empezó a escuchar cada vez mas ruido proveniente de la habitación del fondo. Apenas había dado un par de pasos cuando un gemido la detuvo en seco. Su cuerpo se negaba a moverse. No era Jake, aun que el siguiente si que lo fue.
Sus pies se movieron hasta la puerta, mientras su cabeza comenzaba ha hacerse una idea de lo que estaba sucediendo dentro. No se lo pensó don veces, abrió la puerta de golpe y encendió la luz sobresaltando a los que se encontraban en ella.
-¿Day? ¿No salías mas tarde?-la voz jadeante de Jake le llegó lejana a sus oídos. Observó como una mujer se cubría con las sábanas de su cama hasta arriba, avergonzada, el se encontraba a su lado, apoyado sobre su codo.
-¿Tendría que haberte avisado para que pudieras haber terminado la faena?-interrogó sin inflexión en la voz.
-No-murmuró claramente nervioso mientras se incorporaba. Extendió su mano hacia el suelo, buscando algo.-no quería decir eso, yo.. escucha, no es lo que parece, de verdad...
Ni siquiera le escuchó. No quería hablar, ni que se acercara como era su intención. Se giró sobre sus talones apagando la luz y cerrando la puerta. Bajó las escaleras haciendo caso omiso de sus palabras. Deshizo el camino andado con su bolso y el portátil y salió de allí a toda velocidad. La nieve la recibió al salir a la calle. No se paró a pensar la dirección en la que ir, sus pies decidieron por ella mientras su mente repasaba una y otra vez la escena. Esa mujer en su casa, en la cama de ambos, el sobre ella.Por su mente rondaron un sin fin de preguntas, todas ellas sin respuesta ¿Quién era? ¿Por que él? ¿desde cuando ocurría esto?.
No era consciente de cuanto tiempo había pasado. Ni siquiera sabía a donde estaba yendo cuando sus pasos se detuvieron. Fue entonces cuando comenzó a pensar de nuevo. Estaba en el descansillo de un edificio. Delante de uno de los pisos. Resguardada de la nieve. Agachó la cabeza para observar el felpudo. marrón y desaliñado como todos los demás. Común y corriente, pero a la vez diferente. En una de las esquinas había varias palabras escritas. "A veces lo común es la mejor elección". Una sensación cálida le recorrió el cuerpo, calentándola. Conocía ese felpudo. Se lo había regalado ella a la persona que vivía en esa casa. No se lo pensó. Estiró el brazo y llamó al timbre. Se escuchó al voz de un hombre desde el otro lado, cosa que no le pareció extraño. su hermana estaba prometida y vivía con él. Esperó pacientemente escuchando el ruido de pisadas acercándose a la puerta. El picaporte giró y la puerta se abrió hacia adentro. Abrió los ojos por la sorpresa. La persona que tenía delante se apoyó en el quicio de la puerta, sin dejar ver el interior de la casa. Tenía el pelo mojado, varios mechones de pelo negro le caían por la frente dejando rastros de agua a su paso. Llevaba una toalla al cuello con la que probablemente se estaría secando hasta que ella le interrumpió. Recorrió con la vista la piel de su pecho descendiendo hasta el pantalón vaquero que llevaba. Estaba desabrochado, dejando ver el principio de sus boxers.
Volvió a realizar el camino inverso hasta llegar a su rostro.
-Tu no eres Eddie-susurró.
-Enhorabuena Einstein-comentó el alzando una ceja. La estudió con la mirada de arriba abajo-diría que eres la hermana de Risa ¿Me equivoco?-negó con la cabeza-vale, entra. Ella no llegará hasta mañana, puedes esperarla aquí-se hizo a un lado pero ella se quedó donde estaba.
-No pasa nada, la puedo esperar en otro sitio. siento haberte molestado-comentó a punto de darse la vuelta.
Se acercó a ella y la agarró de la muñeca tirando de ella para que entrara.
-Con las pintas que tienes, no me creo que tengas ningún sitio para esperarla-al ver la cara interrogante de la chica la señaló con el dedo-¿te has dado una ducha con la ropa puesta?
-No ¿por que..-se quedó callada al notar el pelo pegado a la cara. No se había dado cuenta.
-Me parecía.-la llevó hasta el salón y la sentó-quitate el abrigo, te traeré algo de ropa.-ella no le miró. Comenzó a desabrochar los botones del abrigo cuando sintió peso sobre su cabeza. Una toalla. Se giró para darle las gracias pero ya se había ido. Cuando colocó el abrigo en algún lugar donde no estropeara nada se volvió a sentar. Comenzó a mover la toalla para secarse el pelo, despacio.
Las perchas del armario se desplazaban con velocidad sobre los rieles mientras el chico buscaba algo que la pudiera valer en la habitación de Risa. Suspiró frustrado. Con un simple vistazo a las camisas de la chica se notaba que no la valdrían ni por asomo. No tenían la misma complexión. Salió de la habitación y fue directo a la suya a por unos pantalones y una camisa. Aun que la quedase grande serviría. Salió con las prendas en la mano pero se quedó callado al llegar al salón. Le había echo caso. Pero estaba encorvada. Con las manos pegadas a la toalla sobre su rostro. Su cuerpo se estremecía levemente. De entre la toalla se escuchaban pequeños sollozos. Se la quedó mirando por un rato. Si le contaba a alguien lo sucedido no se lo creerían. Su intención era ser hospitalario con la hermana de su compañera de piso, no ser su pañuelo. Frunció el ceño. Regresó sobre sus pasos hasta llegar al baño y dejó allí la ropa seca. Abrió la mampara y enchufó el grifo. El agua salía helada. Sonrió para si mismo. Regresó al salón y la cogió en brazos.
-¿eh?-la escuchó murmurar mientras alejaba la toalla de su rostro para ver mejor.Los tenía hinchados del llanto. Entró con ella en el baño y supo el instante en el que adivinó sus intenciones. pero fue demasiado tarde. Se inclinó en la bañera dejando que el agua le callera encima. Al ver que se pegaba a él para que no la tocara el agua metió la cabeza debajo del grifo el también. Escuchó sus gritos y sus increpaciones, pero no le importó. La dejó en el suelo de la bañera y se apartó. Movió la cabeza a los lados para eliminar el exceso de agua.
-A tu derecha tienes el champú, la esponja y el gel-comentó-te recomiendo una ducha. Y ten cuidado de que no te entre más jabón en los ojos, se te incharán más.
Se quedó callada en ese instante, comprendiendo sus intenciones. Estaba ayudandola a ocultar sus lágrimas.
-Por cierto, me llamo Hunter, ¿Tu eres?-interrogó.
Se apartó el pelo de la cara y buscó una mejor posición para que no le entrara el agua en los ojos.
-Day-Le vio sonreír mientras se apartaba el pelo de la cara con una sola mano.
-Encantado de conocerte Day-
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