Las nubes se oscurecían sobre la ciudad. Muchos aceleraron el paso para evitar la tormenta que se avecinaba. Otros simplemente dejaban su paraguas cerca para cuando empezara a llover y seguían su camino. Observaba las gotas de agua a través del cristal del coche. Veía a toda la gente apresurarse a través del empapado cristal. Si la cosa seguía así se producirían atascos interminables. Haciendo el camino mas largo si cabe. Si se giraba podría ver el coche de la funeraria delante. Cargando a la única familia que la quedaba.
Recorría con la mano las líneas de un trébol de cuatro hojas sobre su muñeca derecha mientras recordaba vagamente las palabras de ánimo durante la misa. No merecía la pena la misa. ¿Qué haría la gente?. Entraría para ver su cuerpo durante unos instantes y saldría de nuevo por la puerta. Creyendo haber cumplido con su deber de vecino. Lo único que quería era sepultarlo a su lado. Se habían reunido ya. No hacía falta nada mas que dejarle descansar junto a su madre. Pero era una tradición irrevocable. Con su madre fue igual. El coche se paró por fin a la entrada del cementerio. Era el momento de cargar el ataúd.
El agua empezó a caer sobre ella nada mas salir. Se acercó al hoyo cuando lo bajaban. Podía sentir los ojos de todo el mundo clavados en ella, esperando una muestra de debilidad por su parte. Esperando ver una lágrima en su rostro. Estaban todos de pie allí. En silencio. Atentos a todo lo que sucedía. Sintió una mano cálida sobre la suya. Vio a una chica de pelo moreno,casi mojado, a su lado. Un mechón de pelo rubio era visible aún. Estaba mirando lo mismo que instantes antes miraba ella. Se estaban empapando. Cerró los ojos y apretó su mano con fuerza. Dándola las gracias con ese gesto. Ambas chicas siguieron de pie, una al lado de la otra. Hasta que todos los presentes desaparecieron. La ceremonia había terminado.
La morena miró el cielo sonriendo. Lentamente las gotas de agua dejaron de caer sobre ellas.
-Buen truco-murmuró mirando aún el ataúd de su padre. No se podía rellenar hoy por la lluvia.
-No es natural que en un día feliz como este llueva de esa manera-se limitó a decir.
-Cierto-era verdad que su padre había muerto. Pero ahora volvían a estar juntos. Con la mano libre agarró los cascabeles que colgaban de su cuello. Todavía se notaba el aroma de sus verdaderos dueños.
Se quedó observando el gesto de su amiga. De esos hermosos ojos marrones con pintas verdes no caía ni una sola lágrima. Se tragaba su sufrimiento para no preocupar a los demás, pero a ella no la engañaba. Eran demasiados años de convivencia como para no entender como se sentía.
-Te quedarás en mi casa esta noche. Ya está hecha la cama-comentó mientras emprendían el camino a casa rodeadas de ese halo que alejaba el agua de ellas. Sabía que su amiga no iba a discutir con ella sobre eso. Necesitaba alejarse del silencio que reinaría ahora en ese lugar por unos días. Por suerte no había nadie en la calle debido a la lluvia, por lo que pudo mantener el truco hasta que llegaron al porche de su casa.
-Bienvenidas, la comida está puesta en las bandejas. Podéis ir a comer arriba-sonrió. Su madre se comportaba como si fuera un día como otro cualquiera Y eso era lo que su amiga necesitaba en esos instantes.
-Gracias mama-cada una cogió una bandeja y la subió.
-Cambiaros de ropa antes de cenar chicas.-gritó su padre desde el salón cuando las vio pasar. La morena le ofreció la ropa que se había olvidado la última vez que había ido a su casa. No se molestaron en secarse el pelo antes de cenar. No iban a coger un resfriado si no lo habían cogido ya bajo la lluvia.
-Mañana voy a ir a clase-sentenció la chica de ojos marrones.
-Arika... no pasa nada si no vas un día mas-comentó la morena.
-Quiero ir. Es mejor que quedarme sin hacer nada en casa.-contentó mientras daba los primeros bocados a la cena.
-Si seria ir a clase y no hacer nada.-replicó.
-Al menos veo como hacen las cosas el resto mientras no hago nada. Aun que no tendría ningún problema en no ponerme el uniforme-la morena hizo una mueca. Arika se empezó a reír a carcajadas.-¿Que ha sido esa cara Ruka?
-Sabes que prefiero mil veces los pantalones-contestó la morena.
-Si, por eso precisamente lo alteraste un pelín sin que se notara-comentó como que no quiere la cosa dejando algo en el plato. No tenía demasiada hambre.
Ruka la miró mal. Sabía perfectamente a lo que se refería.
-Vamos a dormir que mañana hay que madrugar. Llevo esto abajo y enseguida vuelvo-se las apañó para colocar todas las cosas en una sola bandeja y las bajó. Mientras Arika se tumbó en una de las camas suspirando. Le agradecía que no le preguntara como se sentía ni nada parecido.
Al volver Ruka escuchó la respiración de Arika. Se había quedado dormida antes de que volviera. Se puso el pijama y se metió en la cama. No la tapó por miedo a despertarla.
